Nacida en Bruselas en 1962, Patricia Timmermans pertenece a una familia de artistas de la que heredó la fibra estética y el talento.
De forma natural, decidió consagrarse enteramente a la escultura, con un estilo decididamente figurativo que destaca los valores humanos y pone de relieve una sutileza muy femenina.
Enteramente autodidacta y apasionada por la escultura, su arte se inspira en la figura humana, omnipresente, cuya belleza procura expresar, mostrando su fragilidad, ante la prueba del tiempo.
El desnudo femenino es su predilección; le gusta captar una actitud basada en la búsqueda estética, un juego de curvas, una acción, una emoción, a veces por la plenitud de los volúmenes y la simplicidad de las superficies, otras mediante posturas más sofisticadas.
Sus esculturas en bronce irradian una fuerza positiva que las distintas pátinas vienen a enriquecer con un toque original, o incluso irreal.
En cada obra, de creación única, Patricia nos desvela un poco de ella misma, de sus propios sentimientos, de lo que la fascina o le obsesiona, con toda franqueza, sin pretender seducir.
Para ella, lo que cuenta sobre todo, es que la escultura transmita una emoción positiva, un reflejo de su personalidad, de su fragilidad de mujer y sobre todo su libertad de pensar y de soñar la vida.